Yoga y religión

“No es lo mismo ser una persona espiritual que una persona religiosa.
Pero la práctica del yoga nos lleva a explorar nuestra espiritualidad,
la chispa divina que existe en nosotros, sin distinción de credos.”


Muchas personas que se acercan por primera vez al Yoga se preguntan si esta práctica puede contradecir los postulados de la religión a la que pertenecen. Otras, que son agnósticas o ateas, se preguntan también si para disfrutar de sus beneficios deberán suscribir ideas ajenas a sus convicciones. Y otras, finalmente, para quienes el aspecto religioso carece de trascendencia, se preguntan si practicarlo implicará llevar a cabo actividades de tipo confesional.

El Yoga es una, de ninguna manera la única, forma de espiritualidad. Por ello integra en sí normas de alimentación, prácticas corporales, ejercicios respiratorios, técnicas de manejo consciente de las vibraciones sonoras y de la propia energía, ejercicios de concentración, técnicas de meditación, normas éticas de conducta.

Por haber nacido en la India, el Yoga está inevitablemente “ambientado” en las religiones predominantes en su patria de origen: el hinduismo y el budismo. Pero vale la pena aclarar bien el concepto: el Yoga no es una religión ni una filosofía, sino una forma de espiritualidad. Al ser un camino de investigación utiliza también –pero no solamente– la razón. Rescata igualmente las experiencias de todos aquellos compañeros de ruta que nos precedieron en el camino, pero sin privilegiar a ninguno ni excluir a los demás. Su finalidad es ayudarnos a acceder y luego favorecer la evolución de nuestro ser real a través de la propia experiencia. Y por ello es muy frecuente, casi diría habitual, que quienes lo practican redescubran dimensiones insospechadas en sus religiones de origen, reconociendo y experimentando la “fuente de agua viva” de la cual todas se nutren. También un ateo o un agnóstico percibirán que el Yoga no impone ningún sistema de creencias, sino que simplemente propone una vía de descubrimiento y perfeccionamiento del ser humano.

El yogui puede tener cualquier religión o carecer de ella en absoluto. En este caso, generalmente, él mismo da forma a su relación con la Realidad Última, una vez que se ha aproximado a ella.

Mataji