El Poder de la Mente

“No tenemos una idea verdadera de lo poderosos que somos.
Poseemos enormes potencialidades y aptitudes, pero las desconocemos y andamos por el mundo pobres como mendigos”


En 1990 tuve un pequeño accidente que me alejó momentáneamente de mi trabajo, pero que a la larga no hizo más que reforzar el increíble dominio que he alcanzado gracias a la práctica del Yoga. Sucedió cuando viajaba a Madrás y mi avión hizo escala en Trichi, en el estado de Tamil Nadu. Cuando estaba bajando del avión, un señor quiso ayudarme con mi bolso de mano, y yo acepté encantada. Pero el señor caminaba muy ligero y yo tenía prácticamente que correr para alcanzarlo. Tal era mi apuro por mantenerme a su lado que tropecé, aterrizando en el suelo sobre mi codo fracturándome el brazo. Me llevaron de urgencia al hospital de la ciudad, donde el médico de guardia me informó que debía operarme de urgencia.
Pero yo miré al doctor y le dije:
- Yo no me voy a operar, y tampoco me quedaré aquí. Me voy ya mismo.
- Señora –me replicó él–, si usted no se opera, no podrá mover el brazo nunca más y sentirá mucho dolor de por vida.
Yo le respondí:
- ¿Sí, doctor?
No le reprocho su inquietud, ya que a sus ojos, yo era una viejita de noventa años, y él no podía concebir que yo fuera tan obstinada. Pero me tomé el primer avión y volé a México a quedarme con Rosita, mi hija adoptiva. Tomé una tijera en su casa y corté el yeso. A partir de ese momento, comencé a rehabilitarme con paciencia y empeño, ejercitando el brazo de todas las maneras posibles. También seguí con mi dieta vegetariana y trataba de hacer las posturas de Yoga que me salían. Al cabo de ocho meses ya podía mover mi brazo completamente.
Al año siguiente, volví a la India y fui al mismo hospital donde me habían internado. Busqué al doctor que me había atendido y le dije:
- Doctor, usted dijo que yo iba a sufrir mucho dolor y que no iba a poder mover mi brazo. Quiero mostrarle algo.
Entonces comencé a mover mi brazo y a realizar variadas contorsiones con él. El doctor quedó realmente estupefacto. Me miró y me dijo:
- Señora, usted lo pudo hacer porque tiene una mente poderosa. La mayoría de la gente la tiene pero no la usa, es por ello que necesita de nosotros.

Mataji