Alimentos transgénicos ¿Avance o retroceso?

De ellos se habla mucho pero se sabe poco.
En esta nota, tendrá una clara visión sobre
estos productos para nada inocentes.


Cuando uno hace las compras habituales en el supermercado, están presentes en más de un alimento que se lleva a casa. Obviamente, muy bien disimulados y hasta ocultos en los productos de consumo masivo (no suele haber etiquetas que adviertan al consumidor qué es lo que realmente está por incorporar a su dieta).

Esta falta de información, sumada a las consecuencias por ahora impredecibles que su consumo pueden producir en la gente y en el medio ambiente, generaron y generan un serio debate internacional entre sus defensores (multinacionales, investigadores, laboratorios) y sus detractores (sindicatos agrarios, grupos ecologistas, ONGs y organizaciones de consumidores) que crece día a día.

¿A qué se denomina alimento transgénico?

Un alimento transgénico es aquél cuyo material genético ha sido modificado por medio de técnicas de ingeniería genética. También podría definirse así al alimento procesado que contiene organismos modificados genéticamente en su composición. Estas técnicas, a diferencia de otros métodos tradicionales de mejora genética que han sido utilizados desde los inicios de la agricultura –por ejemplo, el cruce entre especies próximas y la selección de semillas--, permiten recortar y pegar material genético de unos organismos vivos en otros de diferentes especies, dando así genomas y organismos artificiales que la naturaleza nunca hubiera llegado a producir.

Un caso muy ilustrativo es el del tomate transgénico, cuya modificación genética prevé un retraso en su maduración. Si se compara el proceso de degradación de un tomate biológico y uno transgénico, se puede observar que el primer día el tomate manipulado parece más maduro; al cabo de 10 ó 15 días el color del tomate biológico señala que el contenido de azúcar, vitaminas y ácidos es correcto, mientras que el manipulado no produce etileno, componente necesario para madurar. Al cabo de 21 días, el ejemplar biológico está deshidratado y su textura no es agradable, mientras el transgénico aparenta frescura pero en su interior la destrucción de las vitaminas y aromas no se puede detener. Es decir que, aunque el tomate transgénico conserve mejor apariencia durante más tiempo, no tiene un mayor valor nutricional que el otro. Y más aún: su aspecto puede hacer pensar que se encuentra en mejores condiciones de las que realmente posee.

Países que apuestan a cultivar y producir estos alimentos

Las técnicas de manipulación genética comenzaron a aplicarse en alimentación a principios de los 90 y en la actualidad existen 40 millones de hectáreas de cultivos transgénicos en el mundo. La mayoría, un 88%, en los Estados Unidos y Canadá y el resto repartido entre China, Chile, Argentina y pequeñas extensiones en Europa.
Las plantaciones más representativas sometidas a esta nueva tecnología son de soja, maíz, algodón, tabaco, tomate y papas, y las modificaciones que se han realizado en estos cultivos les confieren una mayor resistencia a herbicidas (producidos por las mismas multinacionales que comercializan las semillas), al frío y al ataque de insectos. También permiten retrasar su maduración. La tendencia se está expandiendo ahora a cultivos muy variados; entre otros: calabacita, remolacha, arroz, melón, achicoria, lechuga, girasol. Y ya se habla de los beneficios que puede suponer obtener alimentos con más vitaminas, minerales y proteínas y menor contenido en grasas, así como semillas que produzcan un aceite con una mayor proporción de grasas monoinsaturadas.

Argumentos a favor y en contra

Quienes están a favor de los transgénicos afirman que:

• La ingeniería genética hace posible cultivos más resistentes y de mayor conservación, lo que puede llegar a erradicar el hambre en países subdesarrollados.
• Permitirá crear alimentos con mejores propiedades (más minerales y vitaminas, más ricos en proteínas)
• Hará posible reducir el amplio uso de plaguicidas y otros productos químicos que se utilizan en la agricultura.

Quienes están en contra, responden que:

• El problema del hambre en el mundo no se debe a la falta de alimentos, sino al desequilibrio en su producción, distribución y consumo.
• No se dispone de estudios suficientes para evaluar los efectos de los transgénicos sobre la salud humana y la naturaleza.
• Su cultivo responde ante todo a intereses económicos de las multinacionales que invierten en biotecnología.