Tratamiento y prevención de contagios

En lo referente a las fiebres, eran llamadas la reina de todas las enfermedades. Siva es la deidad productora de la misma. Se distinguían siete tipos principales de fiebre dependientes de perturbaciones humorales y una de heridas u otras causas externas. Por supuesto que la peor forma dependía de la perturbación de los tres humores fundamentales y sus días críticos eran el séptimo, el décimo y el duodécimo. Entre las fiebres intermitentes describían especialmente las terciarias y cuartanas, llegando en total a cinco tipos de acuerdo a los intervalos entre los accesos. Establecían vinculación entre la malaria y los mosquitos, así como el pasaje en que aconsejaban abandonar urgentemente una casa si las ratas se comportaban en forma extraña y morían, lo cual también presuponía cierta relación entre estos roedores y la peste bubónica.

De la tuberculosis o tisis, llamada enfermedad real, se describen once síntomas principales, tres de ellos graves, a saber: fiebre, tos y esputos con sangre. Aconsejaban que para cuidar su prestigio el médico no debía hacerse responsable de la curación de estos pacientes. Cambiaba en cambio el pronóstico si el paciente tenía buen apetito, buena digestión y en especial si la enfermedad estaba en sus principios, pues entonces se puede alcanzar la curación.

Describieron ya la viruela, adjudicándola a la diosa Sitala, que a su vez quiere decir viruela o, dicho de otra manera, la enfermedad lleva el nombre de la diosa y por lo tanto el tratamiento se encaminaba por la vía de las prácticas rituales. Según Castiglioni esas prácticas aún se realizan en el templo de la diosa Sitala en Benares, y en verdad lamentamos mucho no haber tenido noticias de hecho durante nuestra presencia en la ciudad santa.

Además de las plantas medicinales, eran expertos en dietética, conocían las ventosas, las sanguijuelas y la sangría. También hacían uso de los vomitivos, purgantes y enemas, así como de los estornutatorios y baños de vapor o inhalaciones medicamentosas.