Los indios como precursores de la cirugía ocular

Dice así: "Por la mañana, en un sitio claro, en que la temperatura sea moderada, que el médico se siente en un banco a la altura de sus rodillas frente al paciente. Este último, habiéndose lavado y comido, se sienta en el suelo, atado. Después que el médico ha calentado el ojo del paciente con el aliento de su boca, lo frota con el pulgar y detecta las impurezas que se han formado en la pupila. Ordena al paciente mirar hacia abajo, hacia la nariz. Entonces, mientras se le sostiene la cabeza firmemente al enfermo, el médico toma la lanceta entre los dedos índice, medio y pulgar y la introduce en el ojo, en dirección a la pupila, hacia un lado, a medio dedo del negro del ojo y a un cuarto de dedo del ángulo exterior. La mueve hacia delante, hacia atrás y hacia arriba. Que opere el ojo izquierdo con la mano derecha y el derecho con la izquierda. Si lo ha hecho bien, se escucha un sonido y sale una gota de agua sin producir dolor.

Animando al paciente con sus palabras, le deja humedecer el ojo con leche de mujer y luego raspa la pupila con la punta de la lanceta sin producirle daño. Entonces, gradualmente, mueve la "mucosidad" hacia la nariz donde el paciente tiene que deshacerse de ella atrayéndola al interior de la nariz. Tanto si el paciente es sostenido firmemente como si se le permite moverse, dejad que el ojo se le caliente desde fuera. Si el paciente puede ver los objetos, el médico debe sacar la lanceta lentamente, debe colocar algodón mojado en grasa sobre la herida y dejar que el paciente repose con los ojos vendados".

Como vemos, dos mil años después, prácticamente no se habían introducido variantes fundamentales en este prodigioso acto operatorio de la oftalmología india.