Fisiología

La fisiología védica contiene en germen las doctrinas fundamentales de la medicina clásica, basadas en los tres elementos activos: el viento, la bilis y la pituita. Estos tres elementos existían ya en germen en los himnos védicos, en los que la pituita o "flegma", elemento acuoso del organismo, aparece al lado de la bilis, elemento equiparado al fuego, y del viento, el cual domina la fisiología de la medicina tradicional. Existe una profunda relación entre el cosmos y el cuerpo humano en los Vedas, es decir, entre el macrocosmos y el microcosmos. Por esta razón, nos encontramos que determinadas partes del cuerpo representan elementos del universo. El ojo corresponde al sol, el soplo al viento, la bilis al fuego, que el Yajurveda llama "bilis de las aguas". Pero es, en especial, a partir de la teoría de los soplos de donde la fisiología védica elaborará los elementos que conseguirán muy pronto un gran éxito.

En el organismo, el soplo o hálito, el prana, es múltiple y multiforme. En el Rigveda, el término tiene un sentido general de aliento, de vida, de viento, nacido del Hombre Cósmico. En el Atharvaveda se cuentan hasta siete pranas, no todos respiratorios; aparece ya una neumatología que adquirirá un gran desarrollo en la medicina hindú. Dos son los soplos más a menudo citados, la inspiración, apana, y la espiración, prana. G.W. Brown ha demostrado que los textos de los Upanishads entienden prana en el sentido de soplo abdominal, residiendo el primero en la boca y el segundo en la parte inferior del cuerpo. Ambos soplos simbolizan la alimentación y las aguas, respectivamente.

Al lado del prana y del apana existen otros tres soplos: ya en los textos védicos tardíos se mencionan el vyana, aliento que circula en medio del cuerpo y que une los otros dos soplos ya mencionados. El soplo samana es otro soplo orgánico, de concepción teórica bastante oscura, al igual que ocurre con el soplo llamado adana. En el ayurveda volveremos a encontrar esta teoría de los soplos, pero las alusiones a los textos védicos demuestran perfectamente que esta teoría se encontraba ya en plena formación en la época del Atharvaveda y se la encuentra frecuentemente en los textos posteriores, especialmente en los Upanishads.

Quizás sea más justo ver en ello el primer esbozo de concepciones fisiológicas, por lo demás muy simples, pero que han dominado después en la medicina hindú, así como en la técnica mística del yoga, basada en parte sobre la regulación de la respiración.