Clínica médica y obstetricia

Como observadores clínicos ponían especial cuidado en el estudio de la lengua, la piel y los excrementos, haciendo uso de los cinco sentidos para la semiología.

Se hallan descripciones de insomnio, alucinaciones, delirios y parálisis súbitas.

El embarazo es objeto de largas disquisiciones, distinguiéndose varias épocas durante la gestación con pronósticos bien detallados sobre las circunstancias que pueden afectar al feto. Es digna de señalar la mención sobre el hecho de que la embarazada violenta y de mal carácter produce un niño epiléptico, así como que la amiga de los licores tiene un hijo con memoria débil. También señalaban que la madre disoluta engendraba hijos depravados. Creían que la concepción era el producto de mezclarse el semen con la sangre menstrual, la cual fuera del menstruo estaba preparada para recibir la eyaculación masculina. A la matriz la llamaban "cama del niño", donde éste crecía hasta ser expulsado por uno de los cinco aires. La pelvis femenina está bastante bien descripta en el Susruta Samhita donde además se precisa la diferenciación del cuerpo en cabeza y extremidades hacia el tercer mes. En el cuarto mes se desarrollaban el pecho, el corazón y el abdomen. En el sexto, el pelo, las uñas, los huesos, los tendones y los vasos. En cuanto al parto, describían ocho presentaciones anormales, entre ellas la presentación en cruz, de nalgas y la presentación simple o doble de los brazos.

El alumbramiento era facilitado por ciertas drogas. Si el niño moría en trabajo de parto, el médico debía intentar la corrección de su posición introduciendo una mano untada en grasa para sacar al niño lo más pronto posible a efectos de salvar la vida de la madre. Según Diepgen, también realizaban la cesárea. Al recién nacido se le debía dar una mezcla de manteca, miel y oro pulverizado.