Cirugía de litiasis biliar

La litotomía o extracción de los cálculos vejicales también fue otro alarde de audacia y técnica quirúrgica descripta en el Susruta Samhita. Ello es digno de tener en cuenta si vemos que a pesar de su mención en el juramente hipocrático, en Europa no aparece quien se ocupe de la misma hasta el final del siglo XV y a principios del XVI en que Giovanni de Romanis y Mario Santos son considerados por los historiadores como los modernos fundadores del nuevo arte de la litotomía, aunque Thronwald sugiere que su ciencia es el trasunto histórico de la antigua técnica india.

Pero veamos primero cómo se describe la litotomía en el tratado sobre la operación de la alta piedra de Cheselden en 1723, tal cual lo relata Graham:

"El paciente era trasladado a la sala de operaciones. En un extremo de la mesa se colocaba, a unos tres pies de altura, una manta doblada varias veces. Dos ayudantes ayudaban a colocarse al paciente sobre esta manta. Luego le hacían tenderse de espaldas y lo ataban diestramente, de manera que tuviera levantadas y separadas, una de otra, ambas rodillas. Uno de los ayudantes introducía el staff, varilla delgada, dotada de una ranura cuyo extremo ganchudo era romo, en la vejiga del paciente. La varilla tenía nueve pulgadas de longitud. El segundo ayudante cuidaba de sostenerlo en posición. Mientras tanto, míster Chelselden preparaba cinco instrumentos de apariencia inofensiva en el orden en que debía usarlos. Se sentaba sobre un escabel y tomaba el escalpelo. Los dos ayudantes lo miraban con atención. Estaba pálido y ansioso y tenía la cara estirada. Luego, los labios gruesos de míster Cheselden se apretaban casi imperceptiblemente. La hoja del escalpelo, afilada como la de una navaja, se hundía profundamente en la larga herida que quedaba bien a la izquierda de la línea media del perineo. El ayudante que empuñaba el largo staff sentía con qué infalibilidad el índice de la mano derecha de Cheselden buscaba y hallaba la punta del staff. El escalpelo cortaba en la dirección requerida sostenido de manera que la segunda incisión, más profunda que la primera, se hiciera de abajo arriba. Mediante un hábil juego de manos, se pasaba entonces por la ranura del staff una larga cuchilla y al propio tiempo se pasaban por la herida hasta dentro de la vejiga unas pinzas romas que se reunían al staff y a la cuchilla. Las pinzas avanzaban lentamente, se abrían rápidas, empujando la pared de la herida, se cerraban luego y, diestramente, extraían firmemente cogida entre sus romos extremos una piedra grande y tan blanca como el yeso. Piedra y pinzas se dejaban de lado. Una aguja curva y ya enhebrada pasaba prontamente por debajo de los vasos todavía sangrantes y con los dedos de la mano izquierda se evitaba el peligro al intestino. Una vez atadas las ligaduras se aplicaba a la herida un puñado de hilas deliberadamente manchadas de sangre. Míster Cheselden se volvía y examinaba la piedra; luego se acercaba a los estudiantes que habían presenciado la operación. Uno de ellos tenía en la mano un gran reloj.

"Un minuto y quince segundos, sir."

Sonaba un murmullo de aterrada admiración.

Pero XXX siglos antes los indios hacían lo mismo.

Frente a este alarde, veamos ahora el Susruta Samhita, veinticinco siglos antes. "El cirujano tenía que frotarse los dedos segundo y tercero de la mano izquierda con grasa y estar seguro de que sus uñas estaban bien recortadas. Entonces introducía estos dedos dentro del año del paciente. Tenía que empujar con fuerza y suficientemente arriba para poder sentir la piedra en la vejiga, pues probablemente sería empujada hacia atrás y hacia abajo por la presión sobre la pared abdominal. Entonces tenía que apretar contra el recto y, con el cuchillo en la mano derecha cortar a través del perineo hacia la piedra. Entonces se introducía un forceps en la incisión, se agarraba la piedra y se extraía". Si bien no nos habla del tiempo empleado, con lo que ya hemos visto en técnicas de sutura podemos debidamente justipreciar el real valor de su técnica en la litotomía.